Ante la insignificancia de otro día más, nuestra memoria, sin aviso previo, bucea valiente entre nuestros recuerdos. Tras inmiscuirse en una algarabía muda, trae a un día desierto aquel momento que esboza una incontenible sonrisa.

Somos el minuto presente que se impulsa con las anécdotas tan fielmente guardadas.

Doña Antonia es un cofre de infinitas anécdotas.